UN SUEÑO EN MONTREAL



Allí estaba, por las calles de Montreal con mis amigas valencianas. Una situación muy extraña, ¿verdad? Ellas estaban tomándole fotos a toda la ciudad, anonadadas. Yo, en cambio, estaba guiándolas hacia mi residencia. Después de cinco meses estudiando en mi habitación con vistas a los rascacielos del pleno centro, ya no me asombra; por suerte o por desgracia. La cuestión es que… ¡ESA NO ERA MI RESIDENCIA! Y, por si fuese poco, ellas tampoco tenían las mismas caras que mis amigas, aunque en mi conciencia estaba segura de que eran ellas.

Llegamos a mi residencia, que no era Palay, era EVO. ¡Resulta que era la residencia de mi amiga del semestre pasado! Todo cuadraba cuando recordé que estábamos en  la que era su habitación. ¿Estáis confundidos? Pues esto no termina aquí. Mi compañera de piso sí que era mi roomate actual, Imane. Sin embargo, ella tampoco tenía la misma cara. Todo parecía tan normal y, a la vez, tan artificial. Recuerdo que nos cruzamos en el pasillo con varios profesores y compañeros del primer semestre. ¿Será que mi subconsciente intentaba decirme algo? En fin, una vez en la habitación, nos instalamos y les dije que me contaran sus vidas, tan diferentes a la mía. Ellas estaban viviendo la misma experiencia que yo, pero en otro país. Aun así, sonaban como personas que yo, definitivamente, no conocía. Todas habíamos cambiado demasiado. Ya no éramos nuestra versión del 2023. Ahora éramos mujeres llenas de experiencias, viajes y aprendizajes.

 

Nada era lo que parecía, pero en mi cabeza todo tenía sentido. Hasta que me desperté. Ni yo estaba por las calles de Montreal, ni mis amigas valencianas habían venido a visitarme. Eso era y en eso quedaba, en un simple sueño. Nuestra evolución, eso sí que era real.

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